Monday, February 17, 2014

    Yo, soledad


Hoy como fiera hambrienta tu recuerdo
me ha clavado sus afiladas garras.
Y el tiempo que resta para que regreses
Se me ha hecho indefinidamente largo.

Frente a mi, la línea recta y lejana
Del horizonte sombrío, Atrae mi mirada
 y la inmoviliza. Esperando ver tu silueta
 que lentamente Avanza hacia mi,
 dibujada en su contraste.

Pero solo se percibe un intenso olor
A ausencia, el frió de la soledad.
Y el dolor de falsas promesas
Sin notarlo, ya el sol me ha dicho adiós
Acariciándome con sus postreros rayos.
el sangrante crepúsculo me abandono
Para dar paso a la noche, quien
Súbitamente Se llena de diamantes.

Más No así, la eterna y negrísima
noche que subyuga a mi alma.
Escudriño mis adentros, y entre tanta
Oscuridad, percibo en mi corazón
Un mortal pantano negro, Y ahí
agonizan mi alegría y mi esperanza.

Entre lágrimas amargas y saladas
Que cuelgan indecisas de las
Trémulas pestañas, Se asoma mi desdicha
Otra noche empapada de nostalgia,
me tiende sus helados brazos.
Y la nevada llegara a mi alma
convirtiendo sin piedad al corazón
En un témpano inerte…
Vacío de toda dicha y enfermo de añoranza.

Victoria Benitez
Copyrigth

  Y fui yo

Y fui yo quien te dijo adiós.
Fui yo quien te volteo la espalda.
Y el eco de tus pasos por la calle
Escueta Aun lo escuchan mis oídos
Y resuenan en el alma.
Un suspiro, enfermo de soledad,
Se atraganta en mi garganta.
Yo fui quien te dijo adiós.
y fui yo quien se condeno
a no coexistir contigo.
Me duele tanto ya no saber de ti!
Y fui yo quien así impuso el castigo
Me siento ahogar…
Respiro soledad y exhalo aroma
de calcinada nostalgia…
Aun siento aquel beso que nuestras
fundidas bocas, por vez última se dieron.
Y la melancolía llena de sombras
a mi neonata luz de madrugada.
Por costumbre, busco asirme de ti,
y mi mano, vaga interminablemente
por sabanas heladas.
Y fui yo quien cruelmente así lo quiso
Y fui yo quien cerró su corazón.
Y soy yo quien se aferra a tu recuerdo
Porque a olvidarte se niega
enfebrecido de besos y desnudo de
 prejuicios, Este terco corazón. 

Victoria Benitez
Copyrigth

Wednesday, February 12, 2014



               MARIA                      
De madrugada nació María.
Una mañana de primavera.
Y en aquel barrio creció la niña
entre esas calles y sus aceras.

Cada minuto María soñaba,
cantaba alegre o reía coqueta.
Iba a la escuela en sus patines
o se montaba en su bicicleta.

Sus pantalones todos gastados
iban al ritmo de sus caderas.
cuando corriendo casi volaban
sus viejos tenis sin agujetas.

Su cabellera larga y rizada
se balanceaba y olía a violetas.
Blanco su rostro, rojos los labios,
su naricilla llena de pecas.

Aquella tarde muchos suspiros
hicieron nido junto a su pecho,
tenía quince años y ella soñaba
y suspiraba sobre su lecho.

Veía a la luna y le preguntaba:
“¿Seré algún día como Cenicienta?”
E imaginaba que su Romeo
la amaba tanto como a Julieta.

Esa mañana llegó de un salto
desde su cama hasta la ventana.
Y no miraba el gris asfalto 
ni lo siniestro que la rodeaba.

Abrió los brazos hacia la vida
como esperando ser abrazada,
por aquel príncipe que llegaría
y lejos, lejos se la llevara.

Allá en la calle se oían los gritos
de las pandillas que se peleaban.
Se oían los carros, malas palabras
y los balazos que se tiraban.

María de pronto sintió un impacto,
sentía que el aire la atravesaba.
Del rojo pecho salían palomas;
eran suspiros que se escapaban.

Clavó sus ojos allá; en lo lejos,
y vio un caballo que galopaba.
Todo el paisaje se torno bello
¡Era su príncipe que llegaba!

El vino a ella y le dio un beso,
era el primero que alguien le daba.
Mas no era el príncipe, ni eso era un beso
Era la muerte que la llevaba.

Murió María de madrugada,
cuando los rayos del sol nacían.
Murió María enamorada,
 cuando la vida le sonreía.

Tuesday, February 11, 2014



INOLVIDABLE…
Me toco el pecho y mi latir no siento
Acaso el corazón se fue contigo,
igual que lo alegre de mi canto?
Porque tejidos entre tu cabellera
Ivan mis besos, y en tu cuello,
deje un collar con gotas de mi llanto.

Percibo en el sutil soplar del viento
Tu perfume… inconfundible aroma
Quiero olvidar! … Y ya no aguanto.
Me persigue tu piel blanca azucena
Lo rojo de tus labios de amapola
 Y esa mirada azul que quiero tanto.

Volando pasa inexorable el tiempo
Y el horizonte estalla en geometría
Pensé que estar sin ti valdría la pena
Pero te busco en cada curva, en cada línea
Pretendo oír tu voz en cada ave
y en el magnético cantar de las sirenas!

Victoria Benitez