Wednesday, February 12, 2014



               MARIA                      
De madrugada nació María.
Una mañana de primavera.
Y en aquel barrio creció la niña
entre esas calles y sus aceras.

Cada minuto María soñaba,
cantaba alegre o reía coqueta.
Iba a la escuela en sus patines
o se montaba en su bicicleta.

Sus pantalones todos gastados
iban al ritmo de sus caderas.
cuando corriendo casi volaban
sus viejos tenis sin agujetas.

Su cabellera larga y rizada
se balanceaba y olía a violetas.
Blanco su rostro, rojos los labios,
su naricilla llena de pecas.

Aquella tarde muchos suspiros
hicieron nido junto a su pecho,
tenía quince años y ella soñaba
y suspiraba sobre su lecho.

Veía a la luna y le preguntaba:
“¿Seré algún día como Cenicienta?”
E imaginaba que su Romeo
la amaba tanto como a Julieta.

Esa mañana llegó de un salto
desde su cama hasta la ventana.
Y no miraba el gris asfalto 
ni lo siniestro que la rodeaba.

Abrió los brazos hacia la vida
como esperando ser abrazada,
por aquel príncipe que llegaría
y lejos, lejos se la llevara.

Allá en la calle se oían los gritos
de las pandillas que se peleaban.
Se oían los carros, malas palabras
y los balazos que se tiraban.

María de pronto sintió un impacto,
sentía que el aire la atravesaba.
Del rojo pecho salían palomas;
eran suspiros que se escapaban.

Clavó sus ojos allá; en lo lejos,
y vio un caballo que galopaba.
Todo el paisaje se torno bello
¡Era su príncipe que llegaba!

El vino a ella y le dio un beso,
era el primero que alguien le daba.
Mas no era el príncipe, ni eso era un beso
Era la muerte que la llevaba.

Murió María de madrugada,
cuando los rayos del sol nacían.
Murió María enamorada,
 cuando la vida le sonreía.

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